Punto de Capitoné

Interludio. Ese “entre dos”, el “en medio de”, el paréntesis. Casi un fuera de escena. Es más cautivante pensar el interludio como una transición hacia un nuevo estado para explorar sus posibilidades. ¿Conlleva incertidumbre?, claro; pero para ello estas imágenes. Artificios para abandonar el centro y cualquier simulacro de cielo. En ellas es que se recuperan las memorias olvidadas, los sueños, los testimonios de existencia, las crónicas de vida. Son íntimas, rastros de archivo, o el registro de ejes emocionales que responden a una ausencia, que, al fin y al cabo, no es otra cosa que el terror al olvido.

El olvido, aliado del tiempo. El tiempo un dios de paso lento en este costado histórico- político que deja una polémica cicatriz. Y todo debido a una contingencia. Un momento al revés que nos da la falsa ilusión de que la unidad de sentido y destino han quedado pausados. A la deriva y perdidos en el mismo desierto.

Esto no es nuevo. Daño, degradación, abandono público, desvanecimiento. En definitiva, un estado de intemperie para el sujeto. Casi un desamparo subjetivo que nos reduce a ser huella de otra huella, imagen de una imagen. Y poco más.

Menos mal, tampoco es nuevo que cuando toca desandar para encontrar, el ser humano vuelve a las raíces, al origen y a reconocer los “muchos otros y el mismo” que somos. Tal y como lo han hecho nuestros pueblos originarios que no temieron los ciclos, sino que en la contemplación de la belleza que hay incluso en el caos, imaginaron seres, islas de luz, que los guardaran.

En el siglo XXI, les llamamos actos de amor, presentes en la mirada que han donado los fotógrafos en estas escenas que nos dejan ver a través de las ventanas de los espacios que los contienen y, al mismo tiempo, los condicionan en un momento de la historia en la que tan solo la presencia física de los cuerpos es tan amenazante que nos obviamos en calles.

Paternarnos para que cada cuál desde su mundo en el vasto territorio Latinoamericano asumamos la responsabilidad colectiva de que, aunque las cosas no funcionen, sigan andando. Resistencia, esfuerzo y volver a empezar es lo que mejor sabemos hacer, y esta muestra es ese acto, no sólo de amor, sino de conciencia que nos da esperanza.

En conjunto, y a distancia unos de otros, hemos inventado este lenguaje, esta piel, estas sonoridades llamadas Interludio.

Paulina Zamora
Guatemala, 17 de julio de 2020